Se
podrá subestimar al grupo La Renga por la ingenuidad de
sus letras y lo "cuadrado" de su crudo rock. Se podrá
decir que su música es de lo más obvia y transitada. También
que la rebeldía que promueve ya ha sido fagocitada por las
corporaciones y las radios hits.
Pero La Renga cuenta con un valor que escasea en el rock
del 2000: honestidad. ¿Para qué innovar si el corazón no lo
dicta? ¿Para qué ir más allá, si lo que vuelve pleno a
quien toca y escucha es sólo rocanrol (así, a lo criollo)?
El cantante Chizzo, el bajista Tete y el baterista Tanque, más
Manu y Chiflo, en armónica y saxofón como acompañantes
permanentes, hacen lo que sienten. Ni más ni menos que eso.
Pero lo hacen poniendo todo, como si quisieran revelar en
escena el real sentido de la palabra "aguante". Al
parecer, la idea es explicar que el "aguante" es
algo más que una coartada semántica para la crítica que
quiere subestimar el lazo emotivo que existe entre La Renga y
sus seguidores.
"Poner todo" no es sólo mantener la tozudez de
sonar "al frente". Además, tiene que ver con
brindar un espectáculo de buen nivel, como el que La Renga
ofreció el sábado en el Pajas Blancas Center, ante unas
cuatro mil personas y luego de dos años de ausencia en esta
Capital.
Son contados con los dedos de una mano los conciertos
realizados en Córdoba que, en este año, tuvieron sonido
pulcro y potente. Bueno, de ese grupo selecto, La Renga es
"número uno".
Pero sería injusto agotar los méritos del grupo de
Mataderos en su responsabilidad de producir un buen espectáculo,
como así también decir que su éxito se debe a razones más
sociológicas que artísticas. Así, en la presentación de La
esquina del infinito, su último disco, hay que decir que
Chizzo corroboró tener sensibilidad y un sobrado manejo de
climas. Que Tete es el bajista de mayor desgaste físico en
nuestro medio. Que Tanque es la solvencia y la furia, algo así
como un Michel Peyronel del suburbano. Y que Manu y Chiflo
ponen timbres indispensables para que el grupo sea más
musical, más audible.
La gente respondió con una excitación sólo limitada por
la altísima temperatura. Cuando las fuerzas mermaron, los
pibes gastaron un pesito con 50 en un pebete y una coca.
Cenaron de pie, y luego siguieron saltando. Con respecto al público,
queda una certeza: La Renga también es fenómeno teen, dado
que había supremacía de pibes menores de 18 años. No hay
por qué achacarle a La Renga la mediocridad general del rock
(y del pop) argentino. Sus miembros sólo tocan rocanrol. Y a
los chicos les gusta.